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El problema de división de casas siempre me ha fascinado desde que comencé mis estudios en astrología, y he publicado múltiples artículos en la materia sin nunca haber arribado a una conclusión segura. Cuando de las casas se trata, siempre he asumido una posición agnóstica. Siempre fue fácil hacer una lista de las ventajas y desventajas de un método en particular, y uno de ellos, a su turno, GOH, resultó totalmente desacreditado en virtud de un análisis astronómico. No obstante, me abstuve de expresar preferencia por un método en particular. Considero una ventaja el hecho de que no ofrezca consultas, quiero decir, no necesito ser convencido de que un método funciona, lo que constituye un prerrequisito para la interpretación. Considero, entonces, que ello me permite abordar el problema de manera abierta.
Mi agnosticismo, sin embargo, se ha derrumbado. Un artículo escrito por David Bustamante Segovia fue recientemente publicado, “Fidelidad astronómica en los sistemas de coordenadas históricos de partición celeste. Comparación cuantitativa de métodos lineales vs. no lineales.” En dicho artículo, Bustamante Segovia presenta argumentos verosímiles sobremanera en favor de Placidus.
Placidus
Escribí sobre el método de división de casas Placidus anteriormente en la gaceta/boletín de la asociación (NVWOA) y argumenté mis dudas sobre Placidus. Hoy debo revisar la conclusión consignada en ese artículo. Permítaseme resumir las características fundamentales del método en cuestión.
A propósito de cada una de las cúspides, es una verdad que cada una de ellas ha recorrido exactamente una determinada cantidad de tiempo entre su salida y su puesta (arco diurno) o entre su puesta y su salida (arco nocturno). Con relación a la cúspide 12, por ejemplo, esta constituye una sexta parte (1/6) del arco diurno, mientras la 11, a su turno, dos sextas partes (2/6); la tercera, tres sextas partes (3/6), etcétera. Con este método, como con muchos otros, el ASC corresponde a la cúspide 1, mientras el MC a la cúspide 10. Con el fin de discernir dentro de cuál casa se encuentra o halla hospedado un planeta, mírese nuevamente el tiempo transcurrido entre su salida y su puesta, su arco diurno (o, según el caso, su arco nocturno), y determínese cuál ha sido la cantidad recorrida de su propio arco diurno (o nocturno). Si el planeta ha recorrido el 25% de su propio arco diurno, ello corresponde a poco más del arco diurno [, o de la cantidad de tiempo requerida,] de la cúspide de la casa 12 (1/6 o 16.67%), y a menos del arco diurno [, o de la cantidad de tiempo requerida,] de la cúspide de la casa 11 (2/6, o 33.3%). El planeta se encuentra, por consiguiente, entre la cúspide de la casa once y la cúspide de la casa doce, o, simplemente, en la casa once.
Difícil de calcular
Este es un principio relativamente simple, pero el cálculo [o su aplicación] es compleja y agotadora, pues requiere una inversión de tiempo considerable. Con relación a las cúspides intermedias, uno no puede calcular su longitud directamente. Uno puede, solamente, confirmar si una determinada longitud [cantidad de tiempo] ha cumplido con el criterio antes mencionado. El cálculo, por consiguiente, se reduce a una serie de intentos hasta que la diferencia se vuelva aceptable, es decir, a menos de un segundo de arco. Si uno desea efectuar el cálculo manualmente, se echará una cantidad de tiempo considerable sobremanera.
Uno de los argumentos de Bustamante Segovia consiste en que varios métodos de partición celeste se reducen a simplificaciones del cálculo placidiano. Estos cálculos fueron explotados porque el cálculo original [ptolemaico] exigía demasiado tiempo. Históricamente, puede demostrarse con claridad. La mayoría de métodos fueron presentados como aplicaciones correctas del concepto de Claudio Ptolomeo. Aunque Ptolomeo nunca escribió sobre las casas, sí proporcionó el cálculo necesario de las direcciones primarias, lo que, al mismo tiempo, proporciona la definición que corresponde al cálculo de Placidus. De hecho, Magini, el desarrollador [trigonométrico] original del método que lleva el nombre de Placidus, y Regiomontano; ambos afirmaron basar su trabajo en Ptolomeo. Cálculos simplificados de Placidus continuaron utilizándose hasta hace casi un siglo.
Lineal o proporcional
El cálculo placidiano es proporcional [i.e. reconoce la extensión/longitud de cada arco diurno]. No dividimos el espacio sino el tiempo[1]. El tiempo constituye una variable fundamental en nuestra disciplina. La división en el día y la noche produce valores desiguales. En la latitud geográfica de los Países bajos, por ejemplo, el día y la noche puede tener una duración de 8 a 16 horas. En la medida en que dividimos el día y la noche en doce horas, obtenemos horas desiguales [o estacionales], donde la longitud de ellas varía a lo largo del año. Cuando examinamos Regiomontano o Campano, uno observa que el ecuador celeste (Regiomontano) o el primer vertical (Campano) se dividen en 12 segmentos iguales. Bustamante Segovia trata esto como una aproximación lineal [a través de la cual se uniforman todos los tiempos ascensionales]. Regiomontano utiliza los puntos producidos sobre el ecuador celeste para sus círculos de posición (trazados desde el punto sur hasta el punto norte del horizonte del observador), lo que son oblicuos con relación al plano del ecuador, y asimismo con relación al de la eclíptica. En Campano, a su vez, estos círculos de posición yacen perpendicularmente con relación al primer vertical, pero de manera oblicua con relación al de la eclíptica. ¿Son estas construcciones naturales? Me parece que no.
Con Placidus, observamos que la distribución es natural. La distribución proporcional del tiempo da como resultado cúspides que siempre concuerdan con la realidad. La posición de las cúspides varía automáticamente en conformidad con sus declinaciones y la latitud geográfica. El argumento central descansa sobre el hecho de que Placidus trabaja consistentemente con el tiempo, no con una distribución espacial fabricada [i.e. arbitraria].
Bustamante Segovia sostiene:
[…] los grados eclípticos, o cúspides, no descansan sobre el ecuador celeste ni sobre el primer vertical de Campano. Es decir, entonces, que el fenómeno astronómico responsable de los dos puntos angulares (el movimiento diurno) es el mismo fenómeno astronómico responsable de cualquier cúspide, angular o no. Cualquier grado de la eclíptica que sirva de cúspide de un sector o casa es, directamente, el punto de intersección entre la eclíptica y un punto específico del horizonte local (no entre ella y el ecuador celeste o el primer vertical) en un momento específico del tiempo, según las estaciones.
Conclusión
Bustamante Segovia presenta buenos argumentos. Cualquiera que desee adentrarse más profundamente en este asunto hará bien descargar su paper. Esto no pondrá fin al debate sobre los métodos de división de casas, pero sí proporciona una mejor base o fundamento para el debate.[2] He encontrado sus argumentos tan poderosos que no me considero ya un agnóstico con relación a los métodos de partición celeste y me adhiero ahora a Placidus. Ahora bien, debido a que nunca podemos estar totalmente seguros, permanezco abierto a contrargumentos plausibles, siempre y cuando sean presentados con una base astronómica/matemática. Los resultados que se alegan a título anecdótico no son buenos argumentos: los defensores de cada método de división de casas se apoyan en ello sin convertir hacer sus declaraciones verificables, razón por la cual estos argumentos pasan desapercibidos. El asunto descansa en nuestra comprensión sobre cómo es que se construye el horóscopo y en determina si dicho procedimiento es absuelto de manera consistente.
Referencias
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[1] (Nota del editor de la traducción al español.) El tiempo, según su definición moderna, quiere decirse, como una coordenada intrínseca o indisolublemente atada al espacio.
[2] (Nota del editor de la traducción al español.) Si bien es cierto que la fidelidad al cielo local no constituye un asunto de preferencias ni de filosofía, sino de necesidad, ya que los símbolos no son arbitrarios (se desprenden de fenómenos naturales), el fin de la discusión o debate depende de dicha comprensión: que los símbolos no son arbitrarios. La discusión o debate técnico, a su turno, es decir, el que concierne cuál metodología refleja el cielo local con la mayor precisión, puede considerarse científicamente concluido por la evidencia presentada en el paper. De ahí la justa advertencia o condición impuesta por el señor Kampherbeek: “[…] siempre y cuando sean presentado con una base astronómica/matemática.”
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