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Prólogo del traductor[1]
Cuando pienso en mi vocación, no temo a la vida
ANTÓN CHÉJOV (1860-1904)
El médico y dramaturgo ruso CHÉJOV solía decirle a su amigo ALEKSEY SUVORIN (quien le aconsejaba dedicarse a un oficio solamente, no a dos): “Me aconsejas que no vaya a la caza de dos liebres y que no piense en el trabajo médico. No sé por qué no deben cazarse dos liebres, ni siquiera en un sentido literal […] Me siento más seguro y más satisfecho conmigo mismo cuando reflexiono que tengo dos profesiones y no una. La medicina es mi legítima esposa, y la literatura, mi amante.” De hecho, en la misma carta de ese 11 de septiembre de 1888, agregó: “Si no tuviera mi trabajo médico, dudo hubiera podido dedicar mi tiempo libre y mis pensamientos a la literatura.”[2]
Como traductor y astrólogo, me solidarizo con la experiencia del dramaturgo. Si no fuera por las letras, no habría atracado en el puerto de la astrología ni de esta obra. De la misma manera en que el sol tiene su domicilio en un signo cuya llama no reconoce sustancias capaces de extinguirla y su éxtasis o regocijo en una casa o región relacionada con la literatura y la astrología, también el suscrito considera las letras su domicilio, y la astrología, su regocijo.
Es un placer haberme hecho responsable de la traducción de lo que ha comprobado ser una obra no solamente digna de mención sino también de gran recepción entre la comunidad astrológica, especialmente la de habla inglesa. Es, precisamente, su gran recepción lo que justifica su traducción al español y, por qué no, al resto de las lenguas latinas (italiano y francés, entre ellas), pues su contenido constituye ninguna otra cosa que los cimientos de la astrología occidental, los fundamentos de la disciplina. Como bien lo advierte la autora del prefacio, la astróloga y académica DEMETRA GEORGE, galardonada con el «Premio Regulus UAC 2002 en Teoría y Comprensión sobre la Astrología»: “[…] este libro representa un resumen verdaderamente integral sobre las primeras doctrinas de la astrología horoscópica de Occidente y constituye un logro tan extraordinario como deslumbrante”.
Como traductor, no me extenderé entonces en el merecido reconocimiento que le cabe a la obra, usurpándole el rol a otra persona, sino en el resto de las razones por las cuales necesitaba ser traducida y en abordar aquellos puntos del trabajo de traducción que merecen ser mencionados a propósito de la comprensión del texto.
La inmensa mayoría de la literatura astrológica helenística (e, incluso, tradicional en general), si no toda, se encuentra disponible en árabe, griego, latín e inglés (inglés relativamente clásico, no moderno), pues se trata de traducciones directamente de sus originales. Nos referimos aquí a las traducciones de JAMES HOLDEN, ROBERT SCHMIDT, ROBERT ZOLLER y BENJAMIN DYKES [3], entre muchos otros.[4] La obra de BRENNAN, por su parte, rescata no solamente aspectos históricos y hermenéuticos de vital importancia que los traductores anteriores no siempre abordaron sino también todos los conceptos astrológicos principales de los autores helenísticos más representativos y las principales técnicas de predicción o pronóstico («timing techniques») que estos emplearan. Su obra es, pues, una especie de manual helenístico idóneo en un inglés moderno, ahora disponible en un idioma que representa el 17% de la población mundial (más de 400.000.000 personas), pues el español es el segundo idioma más hablado del mundo.

1. Sobre la naturaleza de la traducción especializada
Trasladándonos ahora al trabajo traductológico en particular, digamos que, con cierta frecuencia, los traductores nos encontramos con problemas de conversión, bien porque el vocablo en el idioma desde el cual se traduce el texto no cuenta con un equivalente en la lengua destino o porque, teniéndolo, la acepción o connotación, o la experiencia que se pretende evocar con dicho vocablo resulta ajena a la del gentilicio de la lengua hacia la cual se vierte el texto. En este sentido, las palabras compuestas y, a veces, algunas notas a pie de página, son preferibles que hacer una traducción forzada (literal), incurriéndose, quizá, en una forma de edición que traicionaría la integridad o el estilo del texto original (sin querer decir que cualquier forma de edición constituya una alteración, necesariamente).
A propósito, sostiene BRENNAN en la introducción de su obra (2017, pág. xxxiii):
Otro de los desafíos de rescatar la astrología helenística en tiempos modernos es que existe demasiada terminología técnica en griego y en latín a propósito de la cual no tenemos equivalentes en la astrología moderna, lo que impone la necesidad de introducir nuevos términos en inglés que puedan ser utilizados en el marco de las discusiones astrológicas contemporáneas con relación a técnicas antiguas.
Tampoco existen equivalentes en el español de la astrología moderna para algunas de las técnicas de la astrología helenística que, en inglés, tanto CHRIS como otros de los antes mencionados han utilizado o acuñado. Esta es la razón por la que he forjado algunos sin la costumbre característica de profesionales respetables que, en su empeño por “hacer historia”, establecen o producen vocablos innecesariamente arcaicos a expensas de su naturalidad y/o comprensión (o, al menos, de la sospecha de lo que significa o podría significar tan pronto como se lee).
2. Desafíos terminológicos
Los conceptos helenísticos cuya traducción representó algún desafío o reflexión lingüística para poder evocar o transmitir la esencia del concepto y hacer posible su uso “en el marco de las discusiones astrológicas contemporáneas con relación a técnicas antiguas” (según manifiesta BRENNAN), fueron:
Estos quedaron presentados así, respectivamente:
Con relación a «engagement» o «compromiso», algunos autores han empleado “aplicación”, lo que, aun siendo a todas luces correcto, es o puede ser considerado muy general en el contexto de la obra de BRENNAN, quiere decirse, cuando tomamos en consideración la especificidad hecha por el autor con base en un pasaje de ANTÍOCO: hace referencia, sí, a la aplicación de un planeta con otro (maléfico), mas dentro de un orbe o margen de grados específicos, a saber: no más de tres grados, lo que explica la especificidad del inglés original: “engagement”, queriéndose decir “compromiso” o “enganche”. Se trata, pues, de una aplicación, mas de una en especial.
Con relación a «loosing of the bond» («desprendimiento zodiacal») y «Zodiacal releasing» («relevo zodiacal»), no hacen falta grandes comentarios, pues la traducción bien podría explicarse por sí sola cuando comprendemos el mecanismo de acción de ambas técnicas.
Habida cuenta de la gran cantidad de términos en materia astrológica, es decir, de vocablos técnicos, así como de palabras que elegimos a los fines de definirlos, no sería extraño que algunos lectores, especialmente si son astrólogos, sintieran la necesidad de hacer algunas objeciones o de plantear reflexiones con relación a la traducción de algunos de los tantos términos o de alguno que otro vocablo empleado por BRENNAN. He decidido evacuar comentarios de esta índole haciendo las aclaraciones que siguen a continuación. Aunque pudieran resultar obvias para algunos, podrían escapar a la reflexión de otros.
En ocasiones, no son sino solamente los contextos en que se usan las palabras lo que nos revela su verdadero significado, no solamente sus definiciones operacionales según los diccionarios disponibles y, por consiguiente, hablamos de significados metalingüísticos. Sin embargo, es tarea de los traductores distinguir el contexto a los fines de determinar la acepción precisa y, acto seguido, el vocablo o término más adecuado. Mas, no siendo la traducción una ciencia exacta, las aproximaciones son necesarias (como en toda disciplina donde las variables en juego sean numerosas, astrología incluida). Cuando de aproximaciones se trata, una traducción descriptiva resulta aconsejable (en lugar de dejar la exactitud de las definiciones a la imaginación del lector), sin perjuicio de una nota al pie con la expresión o palabra original con el fin de que el lector conozca la fuente. Así, ofrezco elementos de juicio necesarios a propósito de las decisiones tradcutológicas.
Cuando nos encontramos con un vocablo cuya conversión admite diferentes sinónimos, debemos hacer distinciones entre matices de significado, aislándose aquel más afín al vocablo original (a la luz, repetimos, del contexto), y esto implica comprender, entre otras cosas, que la sinonimia no es una relación de identidad o equivalencia sino solamente de semejanza, porque solo entre dos lenguas diferentes dos vocablos pueden ser realmente idénticos (Bustamante, 2024, pp. 3-58, 153-158).[5] En este sentido, los sinónimos no deben, nunca, emplearse indistintamente. Se trata de ligeras diferencias de acepciones que utilizamos a los fines de ser precisos en lo que queremos se comprenda sin temor a ser malinterpretados. Considérense los siguientes ejemplos.

a) “Divination”
De ahí que hubiéramos decidido traducir el inglés «divination», por ejemplo, como «divinación», que se distingue de «adivinación». El primero constituye “la práctica de buscar el conocimiento del futuro o de lo desconocido a través de medios sobrenaturales” (Oxford English Dictionary), mientras el segundo aparece descrito como “predecir el futuro o describir lo oculto por medio de agüeros o de sortilegios” (Real Academia Española), razón por la cual se trata, por consiguiente, de una definición esotérica, tomando kilómetros de distancia del contexto de la presente obra, en la que su autor describe un sistema divinatorio particularmente complejo, organizado y coherente, no arbitrario ni esotérico, haciéndose hincapié en observaciones naturales (el cielo), no en la superstición.
b) “Place”
Piénsese también en que nunca nos dimos cuenta de que el inglés «place» (en el contexto de la astrología tradicional correspondiente al periodo helenístico) debió ser traducido como «puesto», nunca como «lugar», una vez supimos de las casas signo como el modelo de carta predominante durante un periodo específico de nuestra historia. La razón por la cual debió hacerse dicha distinción debería ser obvia: el español cuenta con dos vocablos para el inglés «place»: «puesto» y «lugar», mientras el inglés con una sola tanto para «puesto» como para «lugar», el inglés «place».[6] Al leerse en inglés, debió distinguirse el significado de ese vocablo en un contexto astrológico, especialmente cuando se hace hincapié o énfasis en el hecho de que se está contando en un orden específico (zodiacal) desde un punto específico del mapa (el signo ascendiente)[7]. “El primer/segundo/décimo puesto de izquierda a derecha”, por ejemplo, podría ser la respuesta a alguien que preguntara la ubicación de su silla en el avión o el teatro, sin mencionar que la palabra “lugar” podría utilizarse en la misma oración que el término astrológico «lugar», prestándose a confusión o cacofonía, según el caso.
Considérese lo siguiente:
Lo anterior no es más claro o más conveniente que
En este último caso no hay necesidad de distinguir entre dos acepciones o significados diferentes, mientras en el primero sí la habría. Otras construcciones pueden hacer de la traducción «puesto» una todavía más conveniente debido a una tercera acepción del español «lugar». La frase
sería más apropiada que la construcción
Finalmente, el español puesto se convierte en la expresión más natural a la luz del siguiente ejemplo.

c) “Significator” vs. “ruler”
Huelga aclarar también la distinción entre el inglés «significator» y el español «significador». El término representa o puede representar dos cosas ligeramente diferentes según se practique la disciplina en el mundo de habla hispana o inglesa. Mientras en el mundo de habla hispana (e, incluso, romance en general) hará referencia, al menos casi siempre, al planeta que naturalmente rige el signo cernido sobre la cúspide de una casa, en el mundo de habla inglesa hará referencia, al menos casi siempre, a cualquier objeto que guarde, según la carta en cuestión, relación con el asunto objeto de estudio.
En inglés, cuando se quiere hablar del planeta que rige una casa según el signo cernido sobre la misma, se utiliza «ruler» («regente»), y esa es la palabra empleada por CHRIS para referirse a los significadores (i.e. regentes) de casas (véase, por ejemplo, el capítulo trece). En suma, el equivalente español de “ruler” es “significador”, mientras el equivalente español de “significator” es o debería serlo “indicador”.
En esta edición hemos preservado, no obstante, la expresión original (significador) porque, en la mayoría de las ocasiones, es muy claro que CHRIS habla en términos generales, es decir, está claro, con base en el ejemplo, que no hace referencia al planeta que rige una casa (por no mencionar que, a menudo, la palabra “general” precede la palabra “significator”). En las pocas ocasiones donde podría ser considerado ambiguo (normalmente, donde cita o explica las instrucciones de autores antiguos), el lector deberá ser conciente de la distinción antes explicada.
Sirvan los ejemplos anteriores para demostrar que la traducción no es, necesariamente, un proceso lineal, mucho menos cuando las dos lenguas con las cuales está lidiando el traductor o la traductora son particularmente distintas en naturaleza (i.e. estructuras sintácticas, morfemas, etcétera), como lo serían el inglés (lengua germánica) y el español (lengua romance), a diferencia de dos lenguas compatibles entre sí, como lo serían dos lenguas romances (i.e. del español al portugués o del portugués al español). No siendo la traducción una ciencia exacta, el análisis, la reflexión y el pensamiento crítico constituyen las herramientas fundamentales del oficio.
3. Puente cultural
Quizá deba aclararse igualmente que mi función ha sido única y exclusivamente como traductor y editor de la traducción, no como crítico ni comentador[8]. Aun siendo cierto que el lector encontrará comentarios no relacionados con la traducción o asuntos lingüísticos en general, estos consistieron en aclarar la relevancia de algunos autores mencionados por BRENNAN en su obra (autores desconocidos por la comunidad astrológica hispana) y en hacer algún concepto un poco más claro para el estudiante de la tradición astrológica helenística (como dijéramos anteriormente, el grueso mayoritario de la literatura helenística se haya disponible casi exclusivamente en inglés). Dichas notas, entonces, pretenden (i) familiarizar al lector con el contexto académico anglosajón y (ii) eliminar posibles interpretaciones infundadas con relación a conceptos helenísticos. Si bien hemos cumplido con una función también algo pedagógica, esta ha sido mínima.

Con relación a las referencias bibliográficas que aparecen en las numerosas notas al pie de página hechas por el autor, estas no tienden a traducirse, es decir, por regla general, los traductores no tienden a traducir títulos de obras. Sin embargo, no deja de ser cierto que, en muchas ocasiones, por no decir la mayoría de las veces, dichos títulos nos ayudan a comprender la razón por la que el autor hace referencia a esa obra, y que a menudo despiertan el interés del lector, convirtiéndose en una nueva adquisición bibliográfica. Aunque en la parte complementaria del libro (Bibliografía) encontraremos dichos títulos en inglés (título original) en orden alfabético, en las notas al pie (i.e. durante la lectura de la obra) los encontraremos disponibles en español.
* * *
Deseo manifestar una gratitud muy especial a quien me acompañara en esta empresa con el mismo entusiasmo de quien llevaba a cabo la traducción: el astrólogo también bilingüe y muy conocedor de la tradición helenística CAMILO NÚÑEZ (Barranquilla, Colombia). Decir que siempre estuvo disponible no alcanzaría a describir tal disposición, pues su asistencia fue casi en tiempo real. NÚÑEZ respondía mis mensajes instantáneamente y sacamos ventaja de la especificidad de las consultas para compartir también algunas reflexiones al respecto (debatir un poco). Una vez más, reitero mi profunda gratitud porque, entre otras cosas, fue totalmente desinteresada.
Agradezco también al autor, CHRIS BRENNAN, por confiar en mi talento y haberme honrado con la designación. Como fuera expresado al principio, tuve la oportunidad de disfrutar dos prácticas diferentes simultáneamente y espero seguir teniendo dicha oportunidad (con sus trabajos o con los de otros) en beneficio de la comunidad astrológica hispana.
DAVID BUSTAMANTE SEGOVIA
10 DE OCTUBRE DE 2023
BOGOTÁ D.C.
_________________________
[1] © 2026 David Bustamante Segovia. Todos los derechos reservados. Este texto constituye el Prólogo del traductor original. Corresponde al manuscrito entregado al autor en septiembre de 2024. El traductor introdujo pequeñas enmiendas de formato y añadió subtítulos estructurales tanto en la edición castellana como en la inglesa con el fin de facilitar la lectura y la comparación entre ambas versiones. Cabe mencionar igualmente que este análisis refleja la metodología y las decisiones lingüísticas del traductor. Constituye un trabajo académico independiente y no representa, necesariamente, las opiniones del autor de la obra ni de ninguna posible editorial.
[2] Chéjov, A. Cartas de Antón Chéjov, trad. Garnett, C. (2004). Project Gutenberg. eBook: https://www.gutenberg.org/files/6408/6408-h/6408-h.htm
[3] Masha’ Allah ibn Atharī (siglo VIII), Albumasar (siglo IX) y Sahl ibn Bishr (IX), entre otros.
[4] Merecen ser mencionados igualmente los trabajos de Franz Cumont, Franz Boll, A. E. Housman, Frank Egleston Robbins, Emilie Boer, Stefan Weinstock, Otto Neugebauer, G.P. Goold, David Pingree y Wolfgang Hübner.
[5] «ilegal» e «ilegítimo», por ejemplo, no significan lo mismo; tampoco «efectividad» y «eficiencia» o «comportamiento» y «conducta», pero sí «conducta» y «conduct», «comportamiento» y «behaviour», «efectividad» y «effectiveness», «ilegítimo» y «unlawful» y asimismo «ilegal» e «illegal». Véanse más ejemplos, entre otros conceptos inherentes a la traducción, en Bustamante Segovia, David (2024). Traducir no traduce trastocar. Desde la gramática y las connotaciones hasta la cultura y la traducción especializada. Editorial Universidad del Rosario (Bogotá D.C.).
[6] Pudiera decirse también que pudo haber sido más conveniente traducir el vocablo griego «topoi» al inglés como «dwelling» («morada») o «house» («casa»), en vez de como «place», siempre que se hubiere aclarado que el término dispone de dos acepciones, según se hable de astrología helenística o de astrología moderna. En este sentido, cualquier persona habría siempre comprendido de lo que se habla, aunque se hable de ello desde dos puntos de vista diferentes (con o sin la división completa del horizonte local).
[7] Se trata del vocablo según el cual se distingue la posición que ocupa un cuerpo celeste determinado en el mapa natal en el orden de los signos partiéndose desde el signo ascendiente.
[8] Durante la traducción, fui contactado por algunas personas preguntándome si también estaría comentando la obra, no solo traduciéndola (ejercicio que sí he cumplido en otros espacios).