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The Woodlands, TX, USA
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En la masa oceánica de la divulgación contemporánea, la palabra “seriedad” tiende a ser utilizada como prueba o certificado de integridad teórica, práctica e, incluso, técnica, una moneda de cambio carente del valor que pretende representar. A menudo, se nos presenta una disciplina envuelta en el celofán de la tradición o en la comodidad del consenso, evitándose, por consiguiente, el choque frontal con la realidad física observable. En Caelum Stratagem, hemos decidido habitar un espacio diferente: el de la honestidad sin concesiones.
Entendemos que nuestra voz puede resultar, a ratos, severa. Nuestra dureza, sin embargo, no constituye un ejercicio de soberbia sino una respuesta necesaria al ejercicio inescrupuloso, irresponsable o negligente de la disciplina astronómica topocéntrica.
El deber de la verdad observacional
Si afirmáramos que una cúspide representa un momento específico en el tiempo, pero el objeto celeste en cuestión (i.e., un grado zodiacal o el cuerpo celeste que lo ocupa) no se halla exactamente en ese punto en ese instante, no estamos ante una cuestión de preferencia ni de hermenéutica, de tradición ni de filosofía. Estamos ante un error de medición verificable.
La búsqueda de la verdadera composición del cielo constituye no solamente un deber científico sino también ético. Para quien sostiene o defiende que la posición de los astros es relevante con relación a la experiencia humana, la exactitud no es un lujo, sino el cimiento. Ignorar la geometría esférica en favor de la conveniencia es, en última instancia, una forma de hipocresía profesional (especialmente cuando no restan propiedades trigonométricas por descubrir en la esfera celeste). No es lícito invocar el espíritu científico de la “seriedad” para justificar un ensayo o un Journal y, acto seguido, darle la espalda cuando la naturaleza exige un análisis más riguroso o, simplemente, exento de errores de cálculo.
Entre la rigurosidad y la cortesía
Sabemos que la verdad, cuando es técnica, puede resultar amarga en sabor. Por eso, nuestro compromiso es doble: denunciar la negligencia geométrica y el analfabetismo astronómico que plaga nuestra comunidad, pero hacerlo con la elegancia que la nobleza del cielo merece. Creemos que la profundidad intelectual no se halla reñida con la belleza del lenguaje.
Nuestra prosa busca ser el reflejo de la arquitectura celeste: compleja, armónica y, por encima de todo, verdadera, real, auténtica, orgánica, natural. No buscamos el aplauso fácil del consenso sino el respeto de aquellos que, como nosotros, han experimentado la inquietud de la duda que hace germinar el rigor del método y nutre el desarrollo de la práctica.
Invitación a ejercer la lógica formal
Al leernos, encontrará contenidos que quizás choquen con lo aprendido en manuales simplificados, algunos de ellos rayando en la distorsión de las bases fundamentales de la disciplina, ya fuera desde el punto de vista técnico (astronómico) o lógico (inferencia celeste). Encontrará una crítica directa de los métodos que prefieren ignorar procedimientos impuestos por la realidad y por el mundo natural (v. gr. la verdad no lineal de los arcos diurnos). Pero, sobre todo, encontrará una promesa: aquí, la fidelidad al cielo (i.e., la ética de la profesión) está por encima de cualquier ecosistema profesional y del ego, incluyendo el nuestro.
Nuestro contenido responde, por consiguiente, las siguientes preguntas. ¿Es la integridad metodológica un accesorio, o la base de la práctica profesional e, incluso, de la ética de la disciplina? ¿Es preferible una verdad que incomode por su rigor o coherencia que una mentira que consuele por su conveniencia? Bienvenidos a una forma de entender el cosmos donde la elegancia es, simplemente, la forma que toma el rigor.