La cuadrícula euclidiana: Análisis geométrico forense de la crítica de Cyril Fagan de Wendel Polich

Agradecimientos. Antes de comenzar debemos expresar nuestra más profunda gratitud con Philip Graves, conservador del Archivo Histórico de la Astrología, por facilitar las reproducciones digitales de las fuentes principales íntegramente transcritas en este análisis. Aquellos interesados en adquirir las versiones originales de estos documentos, o en explorar el registro histórico en su totalidad, pueden contactar al Sr. Graves en solger75@gmail.com o visitar su magnífico archivo en astrolearn.com. Resulta difícil concebir un texto astrológico de relevancia histórica que no se halle bajo su custodia. Instamos encarecidamente a nuestros lectores no solo a utilizar sus recursos inigualables para sus propias investigaciones sino también a apoyar los esfuerzos sostenidos de preservación documental con una donación, por modesta que fuera, pues la labor de Graves es de importancia capital.

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Durante décadas, el estudio de la transformación de coordenadas (tradicionalmente conocido como domificación) se ha visto asediado por una identificación errónea de su objeto de estudio: la confusión de los instrumentos espaciales estáticos con la realidad cinemática del tiempo. En el epicentro de esta confusión histórica se halla el astrólogo irlandés del siglo XX, Cyril Fagan (1896–1970). Si bien se le reconoce legítimamente por sus contribuciones documentales, su agresiva defensa de los marcos euclidianos y sus vehementes críticas del principio de la proporcionalidad (cálculo diferencial) proyectaron una sombra larga e intimidante sobre la comprensión astrológica de la mecánica celeste.

Quizás en ningún lugar sea más evidente este concepto erróneo que en su infame crítica del sistema topocéntrico de Wendel Polich y A. P. Nelson Page. Publicada en la década de 1960, la crítica de Fagan es citada a menudo como un “jaque mate” matemático. En realidad, al igual que la crítica contemporánea de F. Xavier Kieffer en Les Cahiers Astrologiques (1949) sobre el mismo asunto, la cinemática del tiempo, constituye una lección magistral de absurdo epistemológico, cortinas de humo trigonométricas e analfabetismo astronómico.

El Sr. Fagan empuñó repetidamente una regla espacial estática (específicamente, el primer vertical, un eje explotado exhaustivamente por los navegantes del siglo XIX durante el apogeo del dominio marítimo británico) para medir la rotación continua de la Tierra. Intentó medir puntos eclípticos o arcos diurnos fluidos de longitudes variables con esta cuadrícula y después culpó a las matemáticas cuando su regla, inevitablemente, falló. Fracasó fundamentalmente al no comprender que la «proporción», en este contexto, no se aplica sobre el espacio físico sino sobre el tiempo cinemático (Placidus, 1657/1814). El principio de proporcionalidad temporal gobierna el cielo independientemente de si un objeto se sitúa o no sobre el ecuador celeste.

Es entonces necesario restaurar la integridad del registro histórico y matemático. No podemos avanzar en la ciencia de la astronomía topocéntrica tradicional (verdadera astrología) hasta que desmantelemos por completo dos falacias predominantes:

  • La ilusión euclidiana: La noción, defendida por Fagan y otros, de que el tiempo fluido puede ser dividido con precisión mediante un andamiaje espacial rígido.

  • La falacia de la invención: La suposición de que la domificación es una geometría arbitraria inventada por los seres humanos (v. gr., Campano, Regiomontano, Plácido, Koch). El ser humano no inventa la mecánica celeste; simplemente desarrolla la matemática esférica necesaria para reflejar la verdad posicional. Un objeto, o se encuentra exactamente donde el sistema de coordenadas dice que está, o no está allí. La naturaleza dicta las coordenadas; no monjes del siglo XVII, no Cyril Fagan, no Wendel Polich. Asimismo, no se debe atribuir la causa de un evento humano a un evento celeste que no tuvo lugar en el momento en que el sistema de coordenadas indica que ocurrió. La mera existencia de diferentes tipos de termómetros (métodos de transformación de coordenadas o división de casas) no puede tomarse como una señal de que la temperatura (el evento celeste) constituye una cuestión de preferencia u opinión.

El texto original del Sr. Fagan es denso, cargado de jerga de navegación marítima obsoleta y diseñado para impresionar al lector hasta someterlo. Leerlo de forma ininterrumpida es una receta segura para la fatiga cognitiva. Por esa razón no presentamos nuestra refutación como un ensayo estándar sino como una disección forense orientadora.

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Con el fin de garantizar claridad absoluta y evitar que el lector se enrede en las presentaciones matemáticas de Fagan, este artículo está estructurado como una autopsia interactiva con fuentes oficiales adheridas (hipervínculos):

  • La evidencia (o la escena del crimen): Las palabras originales de Cyril Fagan aparecen en bloques de texto en gris tenue. Presentamos sus argumentos exactamente como fueron publicados, sin alteraciones, exceptuando la adición de énfasis en negrillas y la sustitución del término «topocéntrico» por «Polich» o «policiano» donde sea históricamente pertinente.

  • El escalpelo (Caelum Stratagem): Inmediatamente después de cada punto de Fagan, nuestro comentario forense aparece en texto estándar. Intervenimos para esclarecer errores de categoría, corregir la astronomía (referenciándose fuentes oficiales) y exponer las falacias antes de permitir que el lector proceda al siguiente argumento.

Al abordar el texto de esta manera, usted no solo será testigo de los mecanismos exactos de estas ilusiones espaciales, sino que también comprenderá la inmensa y mal dirigida presión que, aparentemente, impulsó a Polich y Page a justificar su cinemática con sus propios absurdos geométricos; un tema que disecaremos a fondo en la Parte II de esta serie.

Comencemos el análisis.

Aquellos lectores que deseen impugnar nuestras observaciones o debatir nuestras conclusiones históricas quedan rigurosamente invitados a contactar a Caelum Stratagem en newsletter@caelumstratagem.com.

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1966, SPICA, VOL. V, No. 3

THE TOPOCENTRIC SYSTEM OF HOUSES

by Cyril Fagan

Sir,

In his “Directional Astrology” and “Primary Directions Made Easy”, Walter Gornold (Sepharial) endeavoured to popularize Primary Directions under the poles of the significators. Hitherto such directions were made under the pole of the Ascendant, that is, the geographical latitude of the birthplace; or by ‘proportion of semiarcs’.

But as these did not prove convincing, it was presumed that greater accuracy would be obtained should such directions be made under the poles of the chief significators themselves; to wit, the Moon and the Sun. To achieve this apparently desirable result, Sepharial, relying on the writings of earlier astrologers, such as Placido di Titi (Placidus), the author of the “Tabulae primi mobilis” and R. C. Smith, the first “Raphael”, applied to this problem the Rule of Three in an attempt to ascertain the poles of the significators.

Knowing that the poles of the meridians were zero and those of the Ascendant and Descendant identical with the latitude of birth, in consonance with previous astrological arithmeticians in the same field, he argued that “As the semiarc (SA) of the significator is to the pole of the Ascendant, so is its meridian distance (MD) to its pole.”

Thus, had evolved, apparently, a delightfully simple way of determining the pole of any fixed star, or planet. However, unless the semiarc (SA) of the fixed star or planet was a segment of a great circle of the sphere (that is, it had no north or south declination, in which case it is situated precisely upon the equator, which is a great circle of the sphere), this formula could not work! Should a fixed star or planet enjoy any declination, north or south of the equator, its semiarc (SA) was a segment of a small circle of the sphere, lying parallel to the celestial equator (the greater the north or south declination, the smaller the semiarc), in which case this Rule of Three could not, and did not, apply; because all small circles of the sphere form the bases of cones.

Generally speaking, while proportional methods have their rightful places in planar trigonometry, they are not applicable to the resolution of problems of the sphere; as any competent student of spherical trigonometry will testify. But, alas, many uncritical arithmeticians have fallen foul of Sepharial’ s pedantry in this matter; and, seemingly, not the least the authors of the topocentric system of houses!

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 33

Comentario 1: Los dos errores de categoría

Cyril Fagan malinterpretó de raíz la naturaleza de las mediciones de Plácido. Su crítica se sustenta enteramente en una falacia de “espantapájaros”:

A. La confusión entre el tiempo y el espacio

El argumento central de Fagan parte de una premisa errónea: que la “regla de tres” (la trisección proporcional de semiarcos variables) se aplica como una escala espacial para medir distancias lineales sobre una superficie curva. Es decir, asume que se trata de una partición espacial de 30°, donde cada uno de los seis sectores debe contener obligatoriamente 30° de extensión física. Sin embargo, el sistema Ptolomeo/Plácido mide el tiempo (∆t), no la distancia física. El arco diurno (o semiarco) constituye una magnitud temporal de la rotación uniforme de la Tierra (ω); por lo tanto, determina la duración específica que un grado permanece por encima o por debajo del horizonte local. El tiempo es universalmente divisible. Al movimiento de rotación terrestre no le interesa si una estrella se sitúa sobre un círculo máximo o uno menor; la velocidad angular (ω) permanece constante.

B. La confusión entre cinemática (Placidus, 1657/1814) y trigonometría plana

Fagan afirmó con una seguridad pasmosa: “[…] mientras que los métodos proporcionales tienen su lugar legítimo en la trigonometría plana, no son aplicables a la resolución de problemas de la esfera.” Esta es, posiblemente, la aserción más preocupante de su crítica. Equiparó los “métodos proporcionales” exclusivamente con la geometría euclidiana plana, delatando su desconocimiento del cálculo diferencial (con relación a las longitudes variables de los arcos diurnos) o de la cinemática esférica. La partición proporcional es el único método adecuado para el objetivo universal: mantener una división equipartita de arcos diurnos de longitudes variables en un instante determinado. Para efectuar una “división equipartita” de distintos arcos diurnos en un momento específico, es estrictamente necesario modelar primero cómo varían las longitudes de dichos arcos en función de la declinación (∆t) y la latitud (ϕ) específica de cada uno, o no habría nada que dividir equipartitamente. Esto exige, por definición, cinemática esférica con dependencia continua de parámetros.

Plácido no empleó trigonometría plana; calculó los tiempos ascensionales variables de puntos eclípticos (grados zodiacales) con base en su declinación (∆t) y la latitud (ϕ)  del observador. Esto es, en esencia, topocéntrico. Solo el paralaje y la refracción atmosférica (variables explícitamente descartadas por Polich y Page) podrían dotar a un método de partición celeste de todavía mayor topocentrismo y constituye una omisión que Fagan no debió jamás pasar por alto como crítico del método policiano.

C. Ironía histórica: el origen aparente del error policiano

Como podrá comprobar el lector, Fagan criticó a los autores del sistema (presuntamente) topocéntrico tildándolos de “aritméticos acríticos”, pero lo hace sin comprender la construcción misma que ellos observaban. Los ataca como si la «regla de tres» estuviera llamada a ser una medida espacial, cuando el fenómeno es de naturaleza temporal. Por su parte, Polich y Page parecerían haber tomado esa interpretación errónea lo suficientemente en serio como para obligar al método a encajar en un marco explícitamente ‘espacializado’, en lugar de admitir que constituye una construcción esférica cinemática (Placidus).

Al parecer, con el fin de satisfacer a los espacialistas, Polich y Page insistieron en su metodología fantasma: siguieron injertando conos excéntricos imaginarios en la esfera celeste con el fin de poder justificar una geometría espacial a expensas de una realidad estrictamente temporal. Ni el Sr. Fagan ni Polich comprendieron plenamente a Ptolomeo/Plácido. Fagan rechazó el método porque lo trató como si se supusiera que debía producir igualdades espaciales planas; Polich y Page, por su parte, intentaron convertir un procedimiento temporal diferencial en una geometría espacial más rígida. Es decir, deformaron la geometría esférica para obligar a las matemáticas a encajar en su invento anómalo reciente (Casey, 1889).

The pole of a celestial object cannot, usually, be determined until its circle of position (CP) is first ascertained. Here a few definitions are in order:

  • A circle of position is a great circle of the sphere which, passing through the body of a celestial object, intersects the rational horizon at its North and South points. Should the celestial object be above the horizon, its circle of position will intersect the prime vertical at right angles. It is usually called a ‘secondary’ [circle to the prime vertical]. It is measured along the prime vertical from the zenith or from the nadir should it be situated below the horizon.

  • The prime vertical is a great circle of the sphere, which, rising due East, intersects the meridian at the zenith; then, setting due West, it cuts through the Nadir point; to arise, again, due East. The great circles of the Meridian (0º) and the rational horizon (90º) are, also, circles of position, as are the cusps (“edges”) of the Campano houses, 30º and 60º from the zenith. As the polar axes are situated in the southern and northern meridians, it follows that the poles of the meridian are nil; while those of the rational horizon are identical with the geographical or rather geocentric latitude.

Whence the fatal facility in assuming that the poles of intermediate positions can be obtained by simple proportion, or Rule of Three.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, pp. 33-34

Comentario 2: El dogma de la cuadrícula

En este pasaje, Fagan describe a la perfección un andamiaje espacial, pero fracasa sobremanera al intentar describir la cinemática celeste. Al elevar una arquitectura geométrica específica a la categoría de ley astronómica universal, circunscribe o somete su propio argumento a una falacia lógica fatal:

A. La ilusión del andamiaje espacial (círculos de posición)

Fagan mide distancias uniformes (segmentos de treinta grados) a lo largo del primer vertical utilizando círculos máximos. Sin embargo, la cinemática celeste se rige por tasas temporales de cambio debido a la declinación, no por una proyección espacial muerta (un cuerpo celeste se sitúa sobre la serpenteante eclíptica, no sobre el inamovible primer vertical). Rebanar el cielo con círculos máximos (Bowditch, 1868) trazados desde los polos del horizonte y declarar sus intersecciones como “cúspides” es ignorar, deliberadamente, los tiempos de ascensión variables de los distintos grados eclípticos/zodiacales (longitudes variables de sus arcos diurnos). Al ignorar la declinación real del planeta, el círculo espacial asume matemáticamente que cada objeto se comporta como si estuviera situado sobre el ecuador; es decir, actúa como si cada objeto saliera exactamente por el Este. El primer vertical “aplana”, pues, los puntos de salida de todos los planetas hacia el punto este, borrando efectivamente sus trayectorias diagonales verdaderas o naturales a través del cielo local.

Por consiguiente, el instrumento de medición termina confundiéndose con el evento celeste en sí mismo: a saber, el verdadero tiempo de llegada a una coordenada específica del horizonte local (azimut y altitud). Si uno situara al Sol sobre una cúspide no angular de Campano, podrá verificar instantáneamente (utilícese Stellarium o Solar Fire Gold bajo un cálculo ptolomeico-placidiano) que la posición física (azimut y altitud) que ocupa el Sol en el cielo local no coincide (cuando debería hacerlo) con la posición dictada por la cúspide de Campano.

¿Qué implica lo anterior? Que la cantidad de tiempo exacta requerida para que el Sol alcance esa coordenada local (azimut, altitud) después de su salida es fundamentalmente distinta a la del tiempo reflejado por el cálculo del primer vertical. Los círculos máximos que pasan por las marcas de 30º de altitud sobre el primer vertical no logran reflejar la verdad posicional de las cúspides eclípticas (Bowditch, 1868) por una razón astronómica muy sencilla: las cúspides no residen en el primer vertical, ni tampoco en el ecuador celeste. Las cúspides constituyen grados zodiacales y, por lo tanto, puntos eclípticos. Constituyen, literalmente, las huellas del sol. Cualquier método válido de partición celeste debe superar inevitablemente la prueba de la huella solar (tiempo solar aparente local, o LAST, según su siglas en inglés).

B. Razonamiento circular (petición de principio)

A diferencia del movimiento continuo o de las tasas de ascensión variables, los “círculos de posición” no son un fenómeno natural; son, literalmente, la definición arquitectónica del sistema de casas de Campano. Fagan toma el andamiaje espacial específico de Campano de Novara, lo declara como la única forma válida de medir el cielo y luego lo utiliza para “probar” que los métodos proporcionales son falsos. Su argumento reza, en esencia, así: “La medición matemática del tiempo resulta entonces inválida, ya que no encaja con las líneas espaciales estáticas que acabo de trazar.”

Fagan fuerza un fenómeno temporal no lineal dentro de una cuadrícula espacial rígida y, cuando este no encaja, culpa al fenómeno. Esto eleva su incomprensión geométrica de un mero error a un dogma formal. Se ha encerrado en una jaula euclidiana estática y declara con orgullo a la comunidad astrológica que cualquier cosa que se halle moviéndose fuera de ella viola las leyes tanto de las matemáticas como de la física.

The word “pole” is an abbreviation for “polar elevation” and means the angular distance of the North or South Pole above or below the planet’s circle of position. Obviously, then, to determine its value it is first necessary to compute the planet’s circle of position. There are many formulae for this, known to navigation officers, of the old school, but here are three of the more familiar:

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 34

Comentario 3: Marcos de referencia navegacionales

En esta sección, Fagan intenta invalidar la rotación terrestre (movimiento diurno) apoyándose en terminología marítima (el primer vertical fue explotado intensamente por los navegantes de los siglos XVIII y XIX). Proyecta definiciones arquitectónicas rígidas sobre fórmulas temporales fluidas, malinterpretando por completo el cálculo placidiano:

A. El “polo” como razón temporal, no andamiaje espacial

Fagan define estrictamente el “polo” dentro de un andamiaje espacial (como el de Campano o Regiomontano), asumiendo que debe referirse siempre a la distancia física y estática entre el eje de la Tierra y un círculo máximo proyectado rígidamente. Sin embargo, en el marco ptolomeico-placidiano, el mismo marco del cual Polich y Page extrajeron su propia geometría alternativa, el “polo” de un significador no es una línea espacial, en modo alguno: constituye una razón temporal. Representa una latitud artificial: la latitud específica sobre la cual la diferencia ascensional de un grado coincide exactamente con el tiempo proporcional (∆t) que este ha permanecido sobre/debajo del horizonte.

B. La obsolescencia del círculo de posición (CP)

Fagan asume que para hallar una cúspide es estrictamente necesario trazar un círculo máximo (CP) para encontrar una intersección. Esto es el equivalente geométrico a decir: “Obviamente, para medir la temperatura del agua, primero debemos medir la circunferencia del vaso.” Debido a que no comprendió que una cúspide constituye una función de su declinación específica y que, por lo tanto, Ptolomeo/Plácido calculan el tiempo individual o discriminadamente a la luz del propio semiarco diurno (como también lo hicieron Polich y Page sin admitirlo totalmente), Fagan permanece ciego al hecho de que la cinemática natural convierte el círculo de posición (noción estrictamente espacial) en una entidad obsoleta sobremanera, o irrelevante.

C. Navegar un barco a través de un reloj

La dependencia de Fagan de las fórmulas marítimas es la metáfora perfecta de su serie de errores. Los navegantes emplean trigonometría esférica para trazar distancias físicas estáticas a través del espacio; la astronomía topocéntrica emplea el cálculo diferencial y los semiarcos para medir el transcurso ininterrumpido del tiempo. Esta medición temporal es la única forma de reflejar la longitud diurna exacta de un punto eclíptico y, por consiguiente, su posición física exacta con relación al horizonte local en un microsegundo determinado.

Fagan confunde las herramientas de medición con el evento celeste medido. No logra ver que un método de domificación verdaderamente unificado exige que todas las cúspides intermedias conserven la identidad matemática y física exacta del Ascendente (Asc) y el Medio Cielo (MC). Las cúspides angulares son también productos del movimiento diurno, la latitud geográfica y la declinación; o, expuesto más simplemente, del Tiempo Solar Aparente Local (TSAL).

Medir las cúspides angulares con base en sus tiempos de llegada exactos al horizonte y al meridiano local (6/6 del arco nocturno, en el caso del Asc; 3/6 del arco diurno, en el caso del MC) para después medir las cúspides no angulares de una forma que ignora por completo sus propios tiempos de llegada a las regiones intermedias (1/6 y 2/6 de sus arcos correspondientes) constituye una contradicción geométrica flagrante.

Las fórmulas de Fagan no son una prueba del error placidiano; son la prueba definitiva de que trajo una regla para medir el tiempo. Pretendía navegar un barco a través de un reloj. El capitán de un barco ubica una isla inamovible en el espacio, no mide la fase temporal de una esfera en rotación o la fase en que se encuentra un objeto determinado.

  • Formula No 1

cot CP = sin lat., cosec MD, cot b – cos lat. cot MD

where

CP =
the required angular distance from the zenith or nadir of the circle of position;
Lat. =
the latitude of birth, or place of event, and
MD =
the hour-angle or meridian distance of the planet from the furthermost meridian
b =
the polar distance (or co-declination)

  • Formula No 2

tan (B-A) = sin ½ (b-a) cosec ½ (b+a) cot ½ MD
tan (B+A) = cos ½ (b-a) sec ½ (b+a) cot ½ MD
then CP = ½ (B+A) + ½ (B-A)

where

b =
the polar distance or co-declination;
a =
the latitude of the place,
MD =
the meridian distance (taken from the meridian furthermost from the planet) and
CP =
the required circle of position.


The polar distance or co-declination (b) is found by subtracting, algebraically, the declination from 90º.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 34

Comentario 4: La cortina de humo de una trigonometría convencional

En esta sección, Fagan intenta abrumar al lector con una densa muralla de trigonometría esférica compleja. Si bien sus ecuaciones son matemáticamente sólidas en el vacío, resultan enteramente irrelevantes aquí:

A. La matemática perfecta parte de una premisa imperfecta

Las fórmulas que Fagan proporciona (que utilizan variaciones de las analogías de Napier y soluciones estándar de triángulos rectángulos esféricos) calcularán siempre de manera impecable las dimensiones de un triángulo esférico inamovible (Lénárt, 2003). Ahora bien, esto es totalmente irrelevante. Constituye el uso de trigonometría espacial avanzada para intentar resolver un problema de movimiento o de tiempo cinemático. No importa cuán precisas sean las cotangentes y cosecantes de Fagan; simplemente está calculando las dimensiones exactas de un fantasma geométrico arbitrario. Se trata de una cortina de humo distinta a la creada por Polich. (Mientras la de Polich era enteramente ficticia y/o cínica, la de Fagan es enteramente arbitraria o irrelevante).

B. La táctica de la impresión o la intimidación

El verdadero objetivo de Fagan aquí parece ser puramente retórico, no científico. Intenta impresionar a sus lectores (especialmente a Polich y Page) con un aluvión de matemáticas avanzadas, esperando que confundan ecuaciones espaciales complejas con validez cinemática. Explota la densa complejidad del cálculo como una cortina de humo para disimular su identificación errónea de la magnitud que estaba siendo medida.

Fagan ha ejecutado matemáticas impecables sobre una premisa fundamentalmente defectuosa. Al aplicar las reglas rígidas de la distancia trigonométrica estática al movimiento continuo y proporcional de ascensión, simplemente está trayendo un micrómetro para medir un cronómetro.

As all functions in this formula are positive, it should prove more convenient for those who are not too familiar with the handling of negative quantities.

  • Formula No 3

tan A =   cos lat, tan MD (Taken from the nearest meridian)
tan B =   tan lat, cos MD (Taken from the nearest meridian)
C =       B – decl (taken algebraically)
CP =      A+D
CP =      A-D should decl exceed B

The notation is the same as in the previous formulae. An example of the working of this was given in the Mundoscope (AFA Research Bulletin No. 1, 1947).

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In SPICA, Vol. III, No 3, April 1964 (page 9), the authors of the “Topocentric System of Houses” give the following computation for ascertaining the pole of the Moon: its RA having been given as 115°52’; its decl. as +18°37’; its MD (from the nearest meridian) 58°22’; and its Diurnal Semiarc (SA) 115°05’.

In this computation the authors are, in effect, saying: “As the semiarc (SA) 115.083° is to the pole of the Ascendant 51°32’, so is the meridian distance (MD) of the Moon to its pole 32°33’,” which is simply an attempt to ascertain the Moon’s pole by the rule of three. Let us compute the Moon’s pole as an old sea-salt would probably do it, but the Moon’s circle of position must first be ascertained. Strictly speaking, a navigation officer would rely upon his familiar Haversine Tables to solve this; but assuming these are not available, he would probably choose Formulae No 1, and proceed as follows:

The pole of the Moon is determined from the following simple sin formula:

sin pole = sin CP sin lat. of place

Thus

[…]

True pole       40º 04’
Polich pole    32º 33’
Error               7º 31’ !

To find the Moon’s oblique ascension (OA) under its own pole:

[…]

True OA          99º 25’
Polich OA      103º 27’
Error               4º 02’!

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 36

Comentario 5: La tautología de los polos “verdaderos” (campanianos)

En esta sección, Fagan parece creer que está propinando un golpe devastador y matemáticamente inexpugnable. En realidad, lo que hace es documentar meticulosamente su propia cosificación.

A. La premisa a priori infundada

¿Bajo qué autoridad epistemológica se establece que la intersección puramente espacial (de Campano) es el polo “verdadero” (de un punto que reside en la eclíptica, no en el primer vertical)? Fagan nunca demuestra por qué el círculo máximo espacial es el método correcto para la determinación de las cúspides; simplemente lo asume a priori. Debido a que permanece atrapado por completo en el paradigma del “oficial de navegación” (cuya única tarea estriba en proyectar círculos máximos inamovibles sobre el globo para guiar navíos), asume que el cielo cinemático opera bajo esa misma no viviente arquitectura.

B. La tautología matemática

Cuando Fagan calcula el círculo de posición de la Luna (CP = 55º 17’), lo que ha hecho es trazar un “aro” físico y rígido (un círculo máximo) que comienza en el punto Norte del horizonte, pasa directamente a través del cuerpo físico de la luna y termina en el punto Sur del horizonte. En ese microsegundo exacto, la luna está, efectivamente, situada físicamente sobre ese aro. Fagan calcula entonces el polo de ese aro espacial específico (no el polo del punto eclíptico ocupado por la luna, ni el de la luna misma en caso de que ella presente latitud celeste). Obtiene el valor 40º 04’ (esto simplemente indica que, si uno inclinara el eje de la Tierra 40º 04’, ese círculo de posición específico se convertiría en el nuevo horizonte).

Tras calcular este polo espacial, Fagan lo compara con el polo temporal, es decir, el polo eclíptico específico (32º 33’), que sí refleja correctamente la declinación de la luna. Entonces declara triunfalmente: “Error 7º 31’.” Esto no es un error; es una tautología. Está comparando una coordenada espacial estática con una razón temporal fluida y declarando que la razón temporal es “errónea” simplemente porque no coincide con su jaula o cuadrícula euclidiana. Es el equivalente geométrico de declarar:

  • “Tu cronómetro indica que el corredor demoró 12 segundos, pero mi cinta métrica revela que la pista tiene 100 metros de largo. 100 no es igual a 12. Por lo tanto, tu cronómetro tiene un error de 88.”

Fagan está comparando dos unidades de medida completamente distintas (geometría vs. cinemática) y declarando que la cinemática (con relación a la eclíptica, donde yacen los cuerpos) está “mal” porque “no logró producir” la cifra geométrica espacial (con relación al primer vertical, donde no yacen los cuerpos).

C. La confusión cinemática

El círculo espacial de Fagan logra capturar la ubicación física. Sin embargo, ignora por completo la verdadera cantidad de tiempo transcurrida desde el orto (salida). Prestemos especial atención a lo que Fagan calcula al final de su desarrollo matemático: la ascensión oblicua (AO). Fagan toma su polo espacial (40º 04’) y lo utiliza para calcular la diferencia ascensional de la luna (a/d = 16º 27’). Después, obtiene la ascensión oblicua de la luna (99º 25’).

Este error es no solo obvio sino también fatal. La ascensión oblicua es, estrictamente, una coordenada temporal, pues constituye el grado exacto del ecuador celeste que asciende con la luna simultáneamente; es una medición del reloj. Debido a que Fagan utilizó un “aro” espacial (círculo de posición) trazado desde los puntos Norte/Sur (lo que obliga a la luna a exhibir un comportamiento ficticio, es decir, como si tuviera declinación cero y saliera exactamente por el Este), su diferencia ascensional se halla geométricamente corrupta (distorsionada). Fagan capturó el cuerpo físico de la luna en el espacio, pero después utilizó ese aro bidimensional, inamovible o congelado para calcular una coordenada con base en el tiempo. Aplicó una geometría espacial sobre una ecuación diurna, necesariamente temporal.

La AO de “Polich” (103º 27’) es la ascensión oblicua temporal verdadera y correcta, ya que deriva directamente del semiarco diurno natural de la luna (el reloj). La AO de Fagan (99º 25’) es una coordenada fantasma. Es lo que sería la AO de la luna si esta ignorara por completo su propia declinación y ascendiera por el endurecido aro espacial de Fagan en lugar de obedecer su propia trayectoria diurna natural.

Debido a que el resto de las pruebas matemáticas de Fagan presentan exactamente este mismo razonamiento y dependen sobremanera de esta falsa equivalencia de coordenadas, nos abstenemos de reproducir el resto de sus cálculos trigonométricos. Ha construido una casa matemática impecable sobre un cimiento completamente fracturado.

D. El eco defectuoso de Ptolomeo y Plácido

Si bien Polich y Page estaban epistemológicamente en lo cierto al medir la posición de la luna con base o según el tiempo diferencial o proporcional (en lugar del “espacio muerto” de Fagan), su ejecución computacional específica con relación a las cúspides de las casas (los grados zodiacales que nos sirven de huellas solares) fue fundamentalmente errónea. En esta ecuación, intentaban reproducir el método temporal ptolomeico-placidiano, pero lo hicieron de manera defectuosa.

¿Por qué defectuosa? Porque, aunque su intención era cinemática, su partición matemática de los semiarcos diurnos (sustentada en el uso de conos espaciales excéntricos, y, por lo mismo, erróneos o anómalos; Casey, 1889) se desvía por completo de la trigonometría esférica. Cuando ponemos sus coordenadas proporcionales exactas a prueba empleándose la geometría esférica computacional estándar (v. gr., Solar Fire Gold, Astro Gold o Janus), se hace evidente que las fórmulas polichianas producen una aproximación distorsionada de la verdadera cinemática ptolemaica-placidiana. Ningún grado eclíptico en particular se desplaza realmente de cúspide a cúspide en incrementos exactos de un tercio () de su propio semiarco diurno.

In SPICA, Vol. IV, No. 2 January 1965 (page 5) the authors present a “rectified” version of the geniture of Queen Elizabeth II. It is computed for 1h 12m 41s a.m. GMT on April 21, 1926, for the geographical latitude N 51°31’31”; longitude W 0°07’40”, the RAMC being 226°26’. Included with the chart is a list of OAs and ODs for each of the planets and the log tans of their poles, which are tabulated below as “Topo” Poles and “Topo” OAs and ODs. For comparison, are shown their true equivalents.

Because Mercury declination is only +0°05’, it is almost precisely on the celestial Equator, which is a great circle of the sphere. Hence both its OAs are identical, as should be the case. This but stresses the fact that the “Rule of Three” is only applicable to great circles of the sphere and not to small ones like semiarcs; and, incidentally, that the semiarc system of direction, by proportion of semiarcs is mathematically unsound. Originated by Placido di Titi, its merits were much extolled by “Zadkiel” at the turn of the century.

The circles of position indicate, at sight, the planets’ true mundane longitudes for the “rectified” time of birth. Thus, that of the Sun is 36º 10’; which means that its true mundane longitude is 36º 10’ to the East of the Nadir; or 23º 50’ of the 2nd House (90º–36º 10’ = 53º 50’ below the cusp of the horizon = 23º 50’ of the 2nd House) according to the prime vertical or Campano method of house division (vide The Mundoscope; AFA, Research Bulletin No. 1, 1947).

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 37

Comentario 6: La ley del movimiento diurno y la confusión ecuatorial

En este pasaje, Fagan intenta utilizar el ecuador celeste para refutar las matemáticas diferenciales/proporcionales, mientras depende simultáneamente del dogma campaniano (primer vertical) para definir la “verdad”. Comete dos errores fundamentales de observación.

A. La aplicación errónea de la proporcionalidad

Fagan declara que el método placidiano es “poco sólido” (unsound) porque Fagan ha asumido que la “regla de tres” (la trisección del semiarco) es una regla espacial rígida restringida a los círculos máximos. Observa que las mediciones espaciales y temporales se alinean perfectamente en el ecuador celeste y, trágicamente, confunde una coincidencia cinemática con una ley geométrica universal. El ecuador es simplemente el único dominio donde la distancia espacial uniforme correlaciona perfectamente con el tiempo ascensional uniforme. Fagan es ciego al hecho de que la regla ptolomeica es, estrictamente, una medida de tiempo proporcional (∆t). Asume erróneamente que la regla exige la partición de un círculo máximo en seis segmentos espaciales uniformes de 30º.

Dado que el semiarco es una medida de tiempo, es matemáticamente absurdo afirmar que no se puede dividir proporcionalmente la duración de un objeto que viaja a lo largo de un círculo menor. Si un planeta en un círculo menor (poseyendo declinación norte o sur) o el punto eclíptico mismo demora 15 horas en cruzar el cielo, un tercio de su trayecto son exactamente 5 horas. Incapaz de comprender esta proporción espaciotemporal, Fagan simplemente declaró que las matemáticas eran “poco sólidas”.

B. La huella solar (realidad empírica)

Fagan intenta calcular la “verdadera longitud mundana” del sol mientras admite explícitamente que su base de referencia para la verdad se define estrictamente “según el primer vertical o el método de Campano”. No logra comprender que cualquier grado zodiacal constituye, necesariamente, una función de su declinación específica: es, estrictamente, una huella solar. Para probar la validez de una cúspide, basta con someterla a la prueba de la huella solar: sitúese al sol en ese grado eclíptico específico y obsérvese si su movimiento diurno natural lo lleva a la coordenada local prescrita.

Por ejemplo, en la carta natal de la reina Isabel II, el sol se encuentra a 00º de Tauro. Exactamente a las 2:40 a.m. del 21 de abril de 1926 en Londres, esa coordenada exacta (λ30º) completó precisamente un tercio de su semiarco nocturno. Por lo tanto, 00º de Tauro es la verdadera cúspide de la Casa 3; no los 12º de Tauro que dicta la cuadrícula del primer vertical, ni ningún otro marco de referencia que no pertenezca al movimiento natural del cielo (Worsdale, 1819).

C. El contraargumento anticipado

El lector podría protestar de inmediato:

  • “Usted acusa a Fagan de definir la verdad mediante Campano, ¿pero no está usted simplemente definiendo la verdad mediante Plácido?”

La respuesta es un no inequívoco. Tal acusación se basaría en una falsa equivalencia entre un andamiaje espacial fabricado por el hombre y un fenómeno físico observable. El método ptolomeico-placidiano, lejos de ser una geometría arbitraria inventada por Ptolomeo o Plácido, es el reflejo matemático del movimiento diurno (la naturaleza) en sí mismo. Garantiza que todas las cúspides conserven la misma identidad cinemática que el Ascendente (Asc) y el Medio Cielo (MC): son productos puros del movimiento primario, representando una síntesis perfecta de latitud, declinación y rotación. Campano es una red fabricada por el hombre lanzada sobre el cielo; el movimiento diurno es el cielo mismo. Fagan confundió la red con el pájaro.

The ‘Elements’ of Pluto have been reduced from their rectangular coordinates, computed for the equinox of 1950. Given to the ninth decimal place, corrected for perturbations, these rectangular coordinates have been computed by IBM electronic computers.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 37

Comentario 7: Una ilusión de precisión

En esta sección, Fagan intenta encubrir una geometría espacial defectuosa con la ilusión de una precisión astronómica definitiva, apelando a la autoridad de la supercomputación de mediados de siglo para validar su arquitectura.

A. El estándar B1950.0 y la autoridad de IBM

Fagan se apoya en el estándar astronómico de su era (B1950.0), el predecesor del actual J2000.0, como un punto de referencia fijo. Sin embargo, citar un estándar de época altamente preciso no valida el método matemático utilizado para interpretarlo. La referencia de Fagan a las primeras supercomputadoras de IBM (como la SSEC) parecería ser una táctica puramente retórica. En las décadas de 1950 y 1960, invocar a IBM equivalía a declarar: “Esta es una ciencia innegable e infalible.” Fagan explota la capacidad de cálculo para impresionar al lector, esperándose que este confunda la potencia bruta de procesamiento con la verdad topocéntrica.

B. El GPS y el mapa de crayones

Que las coordenadas de Plutón se calculen con nueve decimales no guarda relación alguna con si el método de transformación de coordenadas de Campano o el de Plácido es el correcto. Emplear el primer vertical para la partición celeste mientras se consulta la tecnología informática más precisa de la época es el equivalente geométrico a comprar el microchip de GPS más avanzado del mundo, calculado por supercomputadoras cuánticas, para luego intentar navegar por Londres usando un mapa dibujado con crayones en 1800. No importa si su posición inicial es precisa hasta el noveno decimal; si el marco geométrico en el que se sitúa dicha posición ignora la realidad del tiempo (la tasa de cambio a través de los distintos arcos diurnos), el mapa completo es funcionalmente inútil.

While there is much that is provocative in this “[Polichian] Series”, for lack of time and space, such must be let pass without comment; but not unnoticed. There is, however, one statement that cannot be let pass unchallenged, because it is so palpably untrue, as even the tyro in “Celestial Mechanics” will confirm.

Concerning the “Transference of the Radix” from the birth place to the place of residence, it is stated: “[…] one establishes the difference between the RAMC of the event and the RAMC of the Radix (always subtracting the latter from the former). This difference must then be added to all OA/OD points of the Radical Houses and planets, and with this the chart for the transference in time and place is accomplished. This chart is, then, directly comparable with the chart of the event […]” (SPICA Vol. IV, No 3, April 1965, p.15).

How can two [tropical] charts, computed in respect of two different equinoxes, be mathematically comparable; seeing that the equinoxes and the solstices are perpetually sliding backwards along the path of the ecliptic at the rate of 1º in about 72 years? This movement [or displacement], which is always negative, is known as precession; but more fittingly, should be termed regression. At the birth of the Queen, April 21, 1926, the longitude of the vernal equinoctial point was Pisces 6º 17’ 38”, and at the death of her father, King George VI, on February 6, 1952, it had retrograded to Pisces 5º 55’ 35”, a difference of 21º 45’ 11”.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 37

Comentario 8: La precesión y el ancla tropical gregoriano

Ansioso por defender un marco sidéreo, Fagan expone una ignorancia catastrófica sobre las definiciones fundamentales de coordenadas. Al lamentar que los equinoccios “se deslizan hacia atrás a lo largo de la trayectoria de la eclíptica”, malinterpreta la realidad geométrica del Zodiaco Tropical.

A. El ancla tropical (lo que realmente se desliza)

El Zodiaco Tropical no es una cuadrícula puesta sobre las estrellas; representa la cinta métrica que yace sobre el plano de nuestra eclíptica. Su punto cero (00º Aries) se halla anclado de forma permanente e irrevocable al precesional equinoccio de primavera (Coyne et al., 1983). Allí comienza siempre, independientemente de la precesión.

Debido a que el equinoccio de primavera retrograda con relación al trasfondo de las estrellas fijas, todo el Zodiaco Tropical (la cinta métrica que yace sobre la eclíptica) se desplaza al unísono o simultáneamente con la precesión gracias a la reforma del calendario juliano en 1582, cuando se instituyó el gregoriano (Papa Gregorio XIII). Si este calendario se ha ocupado de absorber o reconocer la precesión gracias a una regla matemática de años bisiestos superior (en comparación con la que regía al calendario juliano), no puede entonces deslizarse con relación a sí mismo (con relación a 00º Aries). Nunca.

B. Un marco intrínsecamente precesional

Nuestro calendario gregoriano es intrínsecamente eclíptico o tropical, es decir, está llamado a mantener el 21 de marzo exactamente sobre el verdadero equinoccio (con base en la orientación específica actual de la Tierra). Debido a ello, tanto el Zodiaco tropical como el calendario gregoriano son intrínsecamente precesionales (Coyne et al., 1983). De ahí que sea más acertado decir que son las constelaciones, no el Zodiaco Tropical, las que se deslizan hacia atrás a lo largo de nuestra eclíptica.

Al establecer el equinoccio como un punto de referencia geométrico fijo (00º Aries), preservamos la integridad del Arco Diurno, que constituye el fundamento mismo o la materia prima de los métodos de partición celeste (lo que hace que el zodíaco sideral resulte simplemente ajeno al contexto o carente de sentido). Si el calendario gregoriano no hubiera reconocido la precesión (preservando ingeniosamente el punto de referencia a pesar de la deriva), todo el edificio matemático de la división de las casas (que se basa en la intersección del horizonte y la eclíptica en sí misma) se derrumbaría.

C. La independencia de las cúspides naturales

Una longitud eclíptica de 00º Tauro (λ30º) en 1926 representa exactamente la misma geometría Tierra-Sol, la misma declinación y el mismo potencial ascensional que en 1952. No hay absolutamente nada que “corregir”. (Resulta una profunda ironía que los sideralistas estén convencidos de que una corrección es necesaria a pesar de no respetar las verdaderas longitudes desiguales de las constelaciones, optando en su lugar por dividirlas artificialmente en segmentos de 30º, imitándose los doce meses de la Tierra y/o sus estaciones; es decir, un Zodiaco Tropical).

Una cúspide, como el Ascendente (Asc), se define estrictamente como un punto de intersección en la eclíptica, es decir, totalmente independiente del trasfondo estelar. Exigir que uno deba “aplicar la precesión” a una carta tropical para comparar las posiciones mundanas de dos eventos es demostrar: o un fracaso total de comprensión sobre lo que realmente se está midiendo o ignorar lo que el calendario gregoriano estuvo llamado a reflejar desde 1582.

D. La geometría Tierra-Sol

Fagan exige una corrección matemática para un fenómeno que el Zodiaco Tropical resuelve por definición. Al intentar aplicar un ajuste de precesión estelar a un sistema de coordenadas mundanas, Fagan desacopla la carta de la geometría Tierra-Sol, lo que realmente dicta el movimiento diurno. Rompe la cinemática en un intento equivocado de “arreglar” un sistema de coordenadas que nunca ha sido defectuoso desde que Hiparco y Ptolomeo lo definieron. El cielo nunca estuvo roto; solo la expectativa de algunos con relación al lugar de las estrellas en el cielo lo estuvo, y asimismo el calendario juliano.

Otros, por su parte, se han aferrado a la idea según la cual el sistema tropical debe desaparecer porque la cosmología de Ptolomeo ha muerto. Es como decir que el teorema de Pitágoras es un “sinsentido” porque Pitágoras creía que las habichuelas contenían las almas de los muertos. La geometría, simplemente, es independiente de las creencias ptolemaicas.

E. El deseo de Fagan de un anclaje estelar

La pregunta original de Fagan, por lo tanto, es un non sequitur (no sigue lógicamente). Es el equivalente de la pregunta: “¿Cómo pueden ser comparables dos mapas si el norte se ha desplazado ligeramente con el tiempo?”. Cada mapa define el norte según el eje de la Tierra en ese momento específico. Ambos siguen siendo internamente consistentes y perfectamente comparables porque la definición del punto cero es aplicada de forma coherente. Fagan trata al Zodiaco tropical como si este dependiera o debiera depender de las estrellas para después criticarlo por derivar, que es exactamente lo que se supone que haga sin trastocar las coordenadas eclípticas (gracias a la reforma gregoriana).

Fagan juzga un procedimiento tropical/gregoriano a la luz de expectativas sidéreas y presenta eso como una contradicción matemática. La geometría Tierra-Sol, sin embargo, es independiente de su deseo de una geometría Tierra-estrellas (es decir, de un ancla estelar, no solar).

To render the charts for these two events mathematically comparable, one or other of them must be reduced to the equinox of the other. By adding this “accumulated precession” of 21º ‘45” to all the tropical longitudes of the Radix they are reduced to the equinox of 1952; or by deducting it from the longitudes of all the transits at the time of her father’s death they are reduced to the equinox of 1926. Only when this is done, are the charts comparable.

When so precessed the right ascensions (RA), declinations (decl.), circles of position (CP), poles, O.A, and O.D must be computed ‘ab ova’ and for the place of residence at the time of the event. Surely it must be obvious that these computed for the latitude of London will be totally different to the same computed for the latitude of Nyeri (Kenya), the geographical coordinates of which are S 00º 20’: E 36º 50’ (Fullard: Mercantile Marine Atlas, 1959)!

Adding this accumulated precession to the Radicals expunges it, for, as stated, precession is always negative. On the other hand, sidereal longitudes and latitudes being computed in respect of the equinox of A.D. 221 need no processing. At all times they are immediately comparable.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 37

Comentario 9: La cortina de humo astrométrica y el “hombre de paja” de Nyeri

En este pasaje, Fagan intenta encubrir una identificación errónea de lo que se está midiendo bajo una cortina de humo de trivialidades astrométricas y formatos de almanaques. Comete dos errores epistemológicos graves al confundir fenómenos astronómicos diferentes:

A. La confusión entre las esferas mundana y eclíptica

La fórmula que Fagan cita a propósito de la ascensión recta del medio cielo (RAMC) y la ascensión/descensión oblicua (AO/DO) es una ecuación de cinemática o movimiento local; calcula el desplazamiento topocéntrico de la esfera basado en el movimiento diurno (la rotación diaria de la Tierra). Fagan critica esto invocando la precesión de los equinoccios. Este es un error severo. El lento desplazamiento del equinoccio de primavera con relación al trasfondo estelar no puede invalidar la relación cinemática local entre la RAMC y el horizonte (geometría estricta Tierra-Sol). Fagan está, una vez más, trayendo una regla para medir el tiempo, o una regla estelar para medir un fenómeno enteramente terrestre.

B. El “hombre de paja” de la relocalización en Nyeri (Kenia)

La protesta de Fagan con relación a la latitud geográfica de Nyeri se basa en un flagrante “hombre de paja”. La misma fórmula que critica, es decir, el ajuste de los puntos de AO/DO con base en la AR del MC (o ARMC), existe precisamente para recalcular la ascensión para una nueva latitud geográfica. Fagan no se dio cuenta de que la ecuación lograba exactamente aquello que acusaba a los autores de omitir. (Como establecimos en nuestro comentario anterior sobre el anclaje tropical, la ceguera de Fagan aquí está indisolublemente atada a su renuencia a reconocer que el marco tropical/gregoriano reconoce o computa la precesión intrínsecamente.)

C. La confusión del espacio local: el fondo de pantalla vs. el sistema operativo

Al confundir el lento bamboleo del eje de la Tierra (precesión) con la rotación diaria de la Tierra (movimiento diurno), Fagan demuestra una incapacidad total para separar el espacio estelar del espacio terrestre. Relocalizar una astrografía en Kenia es una operación mundana y topocéntrica. Las estrellas son enteramente irrelevantes para la cantidad de tiempo que una coordenada eclíptica demora en cruzar físicamente el horizonte local. Fagan atacó una ecuación local impecable porque, a estrecha semejanza de los hombres que esperan el regreso de los dioses, no podía dejar de mirar las estrellas (la astrología de los dioses, no de los hombres).

Fagan confundió la coincidencia de una era con la permanencia de una ley. Si los “dioses” del antiguo Cercano Oriente anclaron su sabiduría al equinoccio en una época en la que las estrellas estaban alineadas, lo hicieron porque el equinoccio representa el motor biológico de la Tierra. Aferrarse a las estrellas mientras el equinoccio se mueve es ignorar la propia “astrología de la colonia” que los dioses habrían priorizado: la relación entre la Tierra y su sol. Fagan y sus seguidores se han aferrado al fondo de pantalla (las estrellas) e ignorado el sistema operativo (equinoccios/estaciones) que cualquier inteligencia avanzada habría utilizado para administrar este mundo.

With the coming of radar and the vast improvements in electronic devices, [modern] navigators are no longer entirely dependent on the [visual] stars to chart the ship’s course. In consequence, the compilers of nautical almanacs have been freer to cater to the wants of [theoretical] astronomers, pure and simple. To an ever-increasing extent, they [the almanac compilers] are dropping schedules of planets and fixed stars computed for the ‘equinox of date’ [the actual, moving position of the equinox today, which Fagan views as an ‘obsolete’ seasonal reference] for those computed in respect of [fixed] equinoxes for such Besselian dates as 1900 or 1950 [static, frozen reference points]. [This shift has occurred] to the dismay and confusion of the [traditional] astrologer, who has failed to keep pace with the times [and does not realise that ‘true science’ has supposedly abandoned the moving equinox for fixed sidereal snapshots].

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 38

Comentario 10: La confusión del Almanaque y el salto sidéreo

En este pasaje, Fagan intenta «militarizar» el uso que el Nautical Almanac hace de las épocas de referencia estándar (como la Época B1950.0) presentándolo como un respaldo tácito al Zodiaco sideral. Esto constituye un profundo malentendido sobre la astrometría moderna y revela un grado asombroso de arrogancia intelectual.

A. El falso respaldo de las épocas fijas

Fagan observa que los almanaques modernos estaban “eliminando” los cronogramas calculados para el equinoccio de la fecha (equinox of date) en favor de fechas besselianas (Friedrich Bessel) fijas (1900 o 1950) y concluye que este cambio representa un abandono del “derivante” marco tropical por parte de la ciencia oficial. En realidad, está confundiendo un cambio en la conveniencia del ingreso de datos con una revolución cosmológica.

B. La realidad de las épocas estándar

Los astrónomos congelan las cuadrículas de coordenadas en épocas estándar puramente como conveniencia computacional. Esto les permite mapear catálogos del espacio estelar sin tener que recalcular diariamente la compleja nutación y precesión de la Tierra. Se trata de un sistema de archivo administrativo, no de una declaración cosmológica, mucho menos de una impugnación de la realidad cinemática del Zodiaco tropical/calendario gregoriano. Afirmar que el uso de una época computacional estándar demuestra la superioridad de las longitudes sidéreas es matemática e históricamente absurdo.

Fagan explota la jerga técnica del almanaque para validar artificialmente su propio dogma. Debido a que los astrónomos utilizaban computadoras IBM para calcular estas tablas de épocas fijas (1950), Fagan asumió que el resultado (número fijo de apariencia sidérea) era la «Nueva Verdad». No se dio cuenta de que las computadoras usaban 1950 solo como una carpeta de almacenamiento. En esencia, se burla del astrólogo por querer ser preciso al segundo.

C. La malinterpretación de la «deriva»

Fagan malinterpreta catastróficamente el propósito de las actualizaciones del Almanaque. El Almanaque no se actualiza para “corregir” una falla en el sistema tropical sino para mantener el punto de referencia de 00º Aries en su lugar cinemático correcto (correcta relación geométrica Tierra-sol) debido, precisamente, a la deriva. El sistema tropical/gregoriano no es ciego a la precesión, como los sideralistas pretenden hacernos creer; la tiene incorporada en su motor de cálculo desde el principio (1582).

Fagan señala el archivador administrativo de un astrónomo y lo declara con orgullo como el mapa definitivo del destino humano, burlándose del navegante por querer seguir usando una brújula que funcione. En pocas palabras, Fagan se ha burlado del relojero por consultar la hora, señalando que lo «moderno» es mirar una foto de un reloj tomada hace décadas.

Al decir que el tropicalista “no ha mantenido el paso de los tiempos”, Fagan comete una inversión lógica tan masiva que resulta casi impresionante. Ha redefinido efectivamente “mantenerse al día” como “quedarse congelado en el pasado”. Para encontrar la posición real de un planeta esta noche, un astrónomo debe tomar esa coordenada fija de 1950 y aplicar la precesión necesaria con el fin de llevarla de vuelta al equinoccio de la fecha actual (Urban & Seidelmann, 2013). Fagan se burla del astrólogo por “no mantener el paso” al ansiar las coordenadas del presente sin darse cuenta de que “mantener el paso con el tiempo” es exactamente lo que el equinoccio de la fecha hace posible (Urban & Seidelmann, 2013). Usar una época fija de 1950 sin actualizarla no es “modernidad”; es arqueología.

El único confundido era Fagan, y su arrogancia es equiparable solo con su confusión técnica.

D. El costo de la abdicación (o el legado de una geometría sin auditar)

Al desperdiciar su tinta en esta distracción sidérea, Fagan abdicó por completo su responsabilidad como crítico matemático. Cegado por su cruzada contra el Zodiaco tropical, no auditó la verdadera geometría que se le presentaba. Su incapacidad para desmantelar adecuadamente la mecánica policiana permitió que el mayor engaño geométrico en la historia de la astrología (los conos excéntricos de Polich) pasara sin ser cuestionada, otorgando a un sistema defectuoso una legitimidad inmerecida que continúa plagando las prácticas astrológicas en Argentina y otras partes del mundo hasta el día de hoy.

In the American Ephemeris and Nautical Almanac for 1965 (p. 256) the RA and declination of Pluto for January 0, 1965 (i.e. December 31, 1964), 0 hrs, Ephemeris time, are listed as 11h; 32m: 01.043s and + 18 38’45 11 respectively. But, alas, for the astrologer these have been computed for the equinox of 1950. To reduce them to the equinox of date (January 0, 1965) he will have to “precess” them by the corrections given in Table IV, page 457 of the same Ephemeris.

Why have the compilers of the almanac done this? Simply because the magnitude of Pluto, varying from 12 to 15 renders it invisible in ships’ telescopes, and hence of no use to navigators. So, Pluto’s ephemeris is for the benefit of astronomers only; who need a sidereal zodiac to make precision comparisons; and in computing for, say, the equinox of 1950, and not that of date! they have converted the tropical zodiac for this year into a quasi-fixed one!

The RAs and declinations of any new stars that are discovered are immediately reduced to the equinox of 1950 and the exhaustive star lists compiled for that equinox are searched to see if the star can be identified; which would not be practical should the RA and Decl. of the star be not so reduced.

Spica, 1966, Vol. 5, No. 3, p. 38

Comentario 11: La cámara del eco de las premisas desacreditadas

En este pasaje final, Fagan no aporta evidencia nueva. En su lugar, se limita a reciclar los errores de categoría que han invalidado toda su crítica. Por consiguiente, no reproduciremos nuestros desgloses geométricos completos; bastará remitir al lector a los principios forenses específicos establecidos anteriormente en este análisis:

A. El eco de la precesión

Fagan insiste, una vez más, en que las astrografías tropicales tienen que ser “precesadas” para producir coordenadas mundanas válidas. Como se detalló en nuestro comentario sobre el anclaje tropical (Comentario 8), esto ignora la naturaleza geométrica de la eclíptica. El Zodiaco tropical/calendario gregoriano es intrínsecamente precesional (Coyne et al., 1983), quiere decirse, absorbe el bamboleo de la Tierra por definición. “Corregirlo” artificialmente con un desplazamiento estelar equivale a amputar matemáticamente la astrografía o mapa natal de la relación exacta Tierra-Sol que rige la ascensión local.

B. El eco de los almanaques

Fagan se apoya en el Nautical Almanac para una apelación final a la autoridad. Como ya se estableció, las épocas de referencia estándar (como la B1950.0) son un sistema de archivo computacional administrativo diseñado para el mapeo del espacio estelar. No constituyen una validación cosmológica del Zodiaco sidéreo ni mucho menos pretenden invalidar la naturaleza estacional del marco tropical (al contrario).

Algunos ‘críticos’ afirman que la actualización de las coordenadas del Almanaque es meramente una “convención” y no una “doctrina estacional”. Esto no es otra cosa que una distinción fruto de una ceguera técnica, pues una convención que ancla toda su red de coordenadas al equinoccio verdadero de la fecha (Equinox of Date) es una convención que ha decidido rendirse ante la realidad biológica que nos rige. El Almanaque no conserva los 00º de Aries por «folclore»; lo conserva porque es el único punto cero que mantiene la integridad cinemática para un observador en la Tierra. Fagan confundió el cambio administrativo con una traición espiritual, sin darse cuenta de que los astrónomos simplemente estaban perfeccionando el mismo ancla tropical cuya desaparición él parecía haber buscado (a expensas de una crítica acertada del método de Polich).

C. El colapso de la jaula euclidiana

Despojada de su jerga marítima, de la trigonometría esférica irrelevante y de su mención de supercomputadoras IBM, la crítica de Fagan se revela como lo que realmente es: el intento desesperado de un pensador euclidiano por prohibir la medición de la cinemática. Fagan no refutó la cinemática proporcional diferenciada de Ptolomeo/Plácido; simplemente demostró que no poseía la comprensión astronómica necesaria para evaluarla.

*             *             *

En la segunda parte de esta serie, examinaremos las devastadoras consecuencias de este legado. Primero, analizaremos el pozo envenenado de su base “empírica”: el absurdo filosófico de reducir los eventos de la vida humana (procesos fluidos con inicios, clímax y conclusiones específicas) a puntos matemáticos microscópicos e instantáneos. Francamente, no importa qué sistema de transformación de coordenadas se emplee para mapear un evento humano si el practicante malinterpreta fundamentalmente el evento en sí mismo, el que constituye una ventana de tiempo amplia (tal como lo entienden la medicina moderna, la psiquiatría y la psicología del desarrollo). En el mejor de los casos, la premisa matemática placidiana inicial solo podría haber confirmado dicha ventana; nunca podría haber determinado un microsegundo singular.

Al forzar realidades humanas fluidas en coordenadas matemáticas rígidas, Polich y Page diseñaron un sistema teóricamente en quiebra muchísimo antes de que intentaran disfrazar su imitación de Plácido con conos excéntricos. A continuación, analizaremos cómo se sintieron obligados a justificar esta base empírica defectuosa mediante una arquitectura espacial. Al hacerlo, abandonaron la pureza cinemática e introdujeron al mundo (Spica, 1964) un absurdo geométrico de su propia creación: los conos excéntricos e imaginarios (Casey, 1889) del sistema presuntamente topocéntrico.

Referencias

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Lenart, I. (2003). Non-Euclidean adventures on the Lenart Sphere. Key Curriculum Press.

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David E. Bustamante
David E. Bustamante

(sometimes known as Sagittarius), is a Hispanic-American legal translator, illustrator, pedagogue, and independent researcher of topocentric astronomy, primarily recognised for the emphasis upon the principles of procedure of celestial inference and the epistemological rigour concerning house theory (coordinate systems of celestial partition).

To others, he may be known for having conducted the Spanish translation of Chris Brennan's Hellenistic Astrology: The Study of Fate and Fortune (2017, Amor Fati) and served our country as an interpreter to the United States Embassy in Latin America. He has been a special translator to military and non-military offices both in the U.S. and abroad.

Academically, he holds a Bachelor of Arts degree in Psychology (2009), a Master of Arts in Journalism (2018), and is a Cambridge-certified English teacher and proud member of the American Translators Association (ATA). He also underwent legal English training under the Institute for U.S. Law at GW Law (George Washington University).

He has contributed to The Mountain Astrologer (US/London) and SPICA (Spain).

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