Declaración de la metodología de investigación: la primacía de la geometría forense

El uso y costumbre contemporáneo de intentar establecer una “relevancia estadística” en el ámbito de la inferencia celeste (astrología) tiende a ignorar u omitir el paso científico más elemental de todos: la auditoría o examinación del instrumento. Investigar sin una base forense es lo mismo que pretender construir un edificio sobre arenas movedizas. La presente declaración establece el estándar de nuestra investigación independiente y explica por qué la integridad de la herramienta debe prevalecer sobre la estadística.

La falacia del evento como “punto exacto”

Un requisito recurrente entre los sectores tradicionalistas y cuantitativos tiende a rezar: “Si su método es el correcto, demuéstrelo precisando un evento biográfico en el día exacto”. Esta premisa constituye un error científico por tres razones.

1. Dispersión temporal, o la advertencia de Morin

Los hitos humanos (bodas, giros profesionales, fallecimientos) no constituyen “puntos” matemáticos en el tiempo; son procesos con una duración psicológica, legal y/o medioambiental. Intentar validar una coordenada “precisa” con base en una ventana de tiempo “difusa” es, por consiguiente, un despropósito lógico. Es también ignorar cómo las disciplinas de vanguardia (genética, psicología forense, psiquiatría) comprenden la experiencia humana, y cómo el propio Morin de Villefranche (1583-1656), catedrático de matemáticas y médico, comprendió la inferencia celeste:

[…]  y la experiencia comprueba que […]  el accidente [evento] a veces se produce antes de la hora precisa de la dirección [i.e. tiempo de llegada], mientras, en otras ocasiones, después de ella; no solo por un día o por un mes sino, incluso, por varios, o de vez en cuando a lo largo del año, si bien esto último rara vez sucede; y [puede suceder con] cualquiera que sea la medida del arco y cualesquiera que sean los aspectos de los planetas corregidos (para la latitud), porque no hay ninguna natividad [vida humana] en la que los efectos de todas las direcciones correspondan exactamente al tiempo [de llegada] de sus arcos, y, con frecuencia, sucede que, si en alguna natividad se confirman dos o tres de tales direcciones [i.e. eventos significados por los tiempos de llegada], el resto tenderá a producirse poco antes o poco después [del tiempo de llegada], más o menos.

Morin, XXII, 1661/1994, p. 64, trad. Holden.

Los duración de los procesos humanos (comienzo, clímax y final aproximados) constituye la única variable que la inferencia celeste (astrología) es capaz de determinar por las siguientes razones, no solamente la anterior.

2. La trampa de la coincidencia y la degradación de datos

En una vida humana hay cientos de eventos y en una carta hay cientos de puntos sensibles. Por necesidad probabilística, algo va a coincidir con alguna técnica, es decir, cualquier investigador puede “validar” o “confirmar” un determinado sistema de casas (método de partición celeste o transformación de coordenadas topocéntricas) a la luz de uno o varios eventos. Esto, sin embargo, no es ciencia: es una racionalización a posteriori: adaptar la naturaleza (coordenadas astronómicas) a la interpretación celeste o a unas cúspides calculadas arbitrariamente. Nuestra labor no descansa en negociar con la realidad sino en interpretarla según su manifestación física.

En una astrografía cualquiera disponemos de 10 cuerpos celestes, 12 cúspides, 5 posibles relaciones aspectuales (sin mencionar nodos, partes arábicas y asteroides, para quienes también emplean estos puntos). En cualquier día de la vida de una persona, hay decenas de tránsitos, progresiones y direcciones ocurriendo simultáneamente. En este sentido, al explorar el cielo con suficiente insistencia, encontraremos un aspecto o una conjunción entre un planeta y una cúspide que “encaje” con un evento. Esto en ciencia es conocido como «p-hacking» o «dragado de datos»: torturar los datos hasta que confiesen lo que queremos oír, es decir, hasta que aparezca un resultado estadísticamente significativo. Esta forma de abuso o explotación de la libertad del investigador (p. ej. presentación selectiva de datos, ejecución de múltiples pruebas o interrupción temprana de la recopilación de datos) vuelve el ejercicio excepcionalmente propenso a los falsos positivos y a la ciencia en una deficiente.

La regresión estadística, por consiguiente, si bien hace parte de las herramientas científicas necesarias con el fin de aislar variables dependientes de variables controladas, en el marco de la inferencia celeste resulta una aplicación no solo particularmente desafiante sino también problemática o peligrosa sobremanera, pues a las dos razones anteriores se suma la siguiente.

3. La polisemia del símbolo (ambigüedad semántica)

Cualquier símbolo no representa una única cosa, sino varias. El Sol puede representar “trono” (éxito) o “explosión” (crisis). Saturno puede significar la “muerte” (final) o la “ciencia” (estructura). Mercurio, por su parte, “intelecto” (cognición) o “cambios” (mudanza). El símbolo se convierte entonces en un comodín para los investigadores o los estadísticos. Si el evento es positivo, el astrólogo resalta el “trono”; si es negativo, resalta la “explosión”. Al no haber una definición unívoca del output esperado, la estadística pierde toda su capacidad predictiva y se convierte en un discurso post-hoc.

En un experimento científico verdadero, intentamos aislar una variable (ej. el efecto de un medicamento). En la vida humana, sin embargo, no podemos aislar “el efecto de Marte” (o “de la luna”) de la crianza, el contexto económico, la salud genética y los otros 9 cuerpos celestes. (Ningún cuerpo del mapa celeste puede producir el efecto que solamente la acción combinada o sistémica de todos puede.) Intentar una regresión estadística para validar un sistema de casas basándose en eventos biográficos es, entonces, como pretender predecir el clima analizándose solamente el aleteo de una mariposa mientras se produce un huracán al lado. ¡Es metodológicamente abusivo!

La analogía del “motor averiado”

Solicitar estadísticas para un sistema de casas geométricamente inviable (v. gr. el primer vertical de Campano; el ecuador celeste de Regiomontano; el único círculo de declinación de Alcabitio o de Koch; las tangentes o líneas rectas de Polich) es como solicitar pruebas consistentes de que un vehículo con un motor averiado todavía puede ganar una carrera o desear determinar cuál de todos los vehículos con un motor averiado puede hacerlo.

Considérese entenderlo de esta manera: si la cinta métrica (sistema de domificación) es elástica, los datos que arroje estarán viciados de origen. Nuestra investigación se centra en los planos técnicos. Si se demuestra que la geometría de la “red estándar” constituye una ficción bidimensional impuesta sobre un cielo tridimensional, no hay volumen de “datos” que pueda rescatar su validez. En otras palabras, un objeto celeste, o está donde el método de coordenadas dice que se encuentra, o no lo está. La astrología bien puede ser o indagar sobre la experiencia humana, pero no se puede interpretar un acontecimiento humano utilizándose una coordenada sobre la cual el objeto o planeta nunca estuvo (fantasmas estadísticos). Hacerlo es invocar fantasmas estadísticos: atribuir un símbolo a una posición físicamente inexistente.

Si la geometría esférica es correcta, la verdad ha sido establecida y la validez del método es absoluta independientemente de que coincida con el sábado de la muerte de la celebridad. La astronomía y la física no necesitan un permiso biográfico para ser ratificadas. La interpretación es un ejercicio humano, no natural.

Necesidad geométrica interna

Si se puede hacer «funcionar» cualquier sistema (Placidus, Regiomontano, Campano, Polich, casas signo, etc.) a través de ajustes retroactivos reiterados (abuso de la regresión estadística), entonces ningún sistema está haciéndose responsable de la verdad. Nuestra prioridad es, por consiguiente, la verdad a priori: una geometría que sea válida independientemente de la biografía del observador.

  • El arco diurno de un cuerpo planetario o de un punto zodiacal, esa trayectoria única que constituye una función de su declinación específica, es un hecho inequívoco.
  • Un sistema de casas o es coherente con esta física 3D, o es una proyección arbitraria. El método natural u orgánico de coordenadas topocéntricas, mejor conocido como el método ptolemaico, placidiano o del astrolabio, se legitima por su consistencia matemática con el Primum Mobile, no por el hecho de que un martes cualquiera coincida con una vivencia subjetiva.

La necesidad del escrutinio

Nuestra labor es metrológica, científica, forense. Escrutamos la metodología de los diferentes métodos de transformación de coordenadas, definimos las unidades, describimos la trayectoria de los arcos y explicamos los resultados. Si bien consideramos válida la inferencia celeste (interpretación), consideramos defectuosa la premisa en que se sustenta la abrumadora mayoría de “análisis” estadísticos y abusiva la aplicación de los razonamientos inductivos [1]. Es de este “amañado casino” de la disciplina donde se pretenden justificar mecánicas y razonamientos rotos a la luz de coincidencias seleccionadas (retroactivamente) del cual nos mantenemos al margen. En el caso de las mecánicas rotas, es menester calibrar la regla antes de confiar en la medida.

Conclusión

Si permitimos que la biografía dicte la validez del sistema de coordenadas, ingresamos al al «casino amañado» de la interpretación contemporánea. En un medio ambiente de tal característica, aislar una única variable dominante constituye una imposibilidad metodológica. Afirmar que un sistema de casas o método de partición celeste es exacto porque un símbolo (intrínsecamente amplio) corresponde con un acontecimiento (cuyo margen de tiempo es también intrínsecamente amplio) no es ciencia. Es ignorar el ruido estadístico, las leyes de la probabilidad y la naturaleza de la experiencia humana (según la entiende la medicina, la genética y la psicología del desarrollo).

___________________________

[1] Este último pretende derivar leyes universales de la observación súper aislada de variables: la pretensión de que un planeta en el sector X constituye una causa suficiente, en vez de solamente necesaria, para producir el efecto Y, ignorándose que la inferencia celeste es sistémica y que un mismo emplazamiento astrográfico opera bajo condiciones biológicas y contextuales únicas en cada sujeto, al igual que una misma enfermedad en diferentes pacientes. Saturno en Casa 9 no es un “veredicto”; es un componente cuya expresión depende de la red de relaciones (aspectos, regencias, dignidades) con el resto del sistema. Aislarlo para hacer estadística es como intentar entender el funcionamiento de un corazón sin mirar el resto del sistema circulatorio. Una configuración puede ser necesaria para que ocurra un evento, pero no es suficiente por sí sola. La estadística de algunos autores o revistas (journals) falla al asumir que la presencia del factor A debe llevar siempre al resultado B, ignorándose la acción mancomunada o combinada de la totalidad.

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David E. Bustamante
David E. Bustamante

(sometimes known as Sagittarius), is a Hispanic-American legal translator, illustrator, pedagogue, and independent researcher of topocentric astronomy, primarily recognised for the emphasis upon the principles of procedure of celestial inference and the epistemological rigour concerning house theory (coordinate systems of celestial partition).

To others, he may be known for having conducted the Spanish translation of Chris Brennan's Hellenistic Astrology: The Study of Fate and Fortune (2017, Amor Fati) and served our country as an interpreter to the United States Embassy in Latin America. He has been a special translator to military and non-military offices both in the U.S. and abroad.

Academically, he holds a Bachelor of Arts degree in Psychology (2009), a Master of Arts in Journalism (2018), and is a Cambridge-certified English teacher and proud member of the American Translators Association (ATA). He also underwent legal English training under the Institute for U.S. Law at GW Law (George Washington University).

He has contributed to The Mountain Astrologer (US/London) and SPICA (Spain).

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